En un momento de alta tensión geopolítica en el Medio Oriente, el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha enviado un mensaje contundente a la comunidad internacional. El mandatario aseguró de forma categórica que su administración no tiene la facultad ni la intención de desarrollar armas nucleares, subrayando que su gobierno se adhiere estrictamente a las directrices dictadas por la máxima autoridad del país.

Pezeshkian enfatizó que, dentro del marco político y religioso de la República Islámica, el presidente no posee el “derecho” ni la autoridad para contemplar la opción nuclear si esta contraviene las órdenes del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Esta postura refuerza la vigencia de la fatwa —un decreto religioso con peso de ley— emitida previamente por Jameneí, la cual establece que la producción, el almacenamiento y el uso de armas de destrucción masiva son contrarios a los principios del islam.

"Si el ayatolá Jameneí lo prohíbe, no desarrollaremos armas nucleares", puntualizó el mandatario iraní, aclarando que no tiene intención alguna de desafiar la visión estratégica y moral que rige a la nación. Estas declaraciones surgen en un contexto de persistentes sospechas por parte de potencias occidentales y de Israel, quienes han cuestionado durante décadas la verdadera naturaleza del programa nuclear iraní, a pesar de que Teherán sostiene que tiene fines puramente civiles y energéticos.

Para la audiencia en México, este anuncio resuena de manera particular debido a la histórica tradición diplomática de nuestro país en favor del desarme nuclear global. México ha sido un líder referente en esta materia desde la década de los 60, impulsando el Tratado de Tlatelolco, el cual estableció a América Latina y el Caribe como la primera zona densamente poblada libre de armas nucleares en el mundo. Desde esta perspectiva, cualquier señal de contención en la proliferación de armamento atómico es vista por la diplomacia mexicana como un avance hacia la seguridad colectiva.

Finalmente, el presidente Pezeshkian reiteró que su país busca una salida a las sanciones económicas internacionales que han golpeado severamente la economía de su pueblo. Sin embargo, condicionó cualquier avance diplomático al respeto mutuo y al reconocimiento de los derechos soberanos de Irán. El mundo permanece a la expectativa de si este compromiso verbal facilitará un nuevo diálogo para reactivar el acuerdo nuclear de 2015, estancado desde hace varios años.