El Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), la organización que año congrega a la élite política, empresarial y financiera en la aldea suiza de Davos, enfrenta una de sus crisis de reputación más profundas. Borge Brende, quien se desempeñaba como presidente de la institución y anteriormente fungió como ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, ha presentado su renuncia tras verse envuelto en el escándalo global relacionado con el fallecido financiero Jeffrey Epstein.
La salida de Brende no fue un acto fortuito, sino el desenlace de una investigación interna exhaustiva llevada a cabo por el propio Foro. Los cuestionamientos sobre su integridad profesional se intensificaron luego de que se hiciera pública su participación en diversas reuniones y cenas de negocios con Epstein, quien fue condenado por delitos sexuales y lideró una red de tráfico de menores. Aunque Brende intentó desmarcarse de las actividades ilícitas del estadounidense, la presión institucional ante la falta de claridad sobre la naturaleza de estos nexos volvió su permanencia insostenible.
Para México, este relevo en la cúpula de Davos posee una relevancia particular. El Foro Económico Mundial es una de las plataformas de diplomacia económica y relaciones públicas más críticas para el Estado mexicano. Año tras año, secretarios de Estado, gobernadores y los directivos de las empresas más influyentes del país acuden a esta cita para atraer inversiones y fortalecer lazos comerciales. La inestabilidad en la presidencia del foro ocurre en un momento en que las delegaciones mexicanas buscan proyectar confianza ante los mercados internacionales, y cualquier sombra de duda sobre la ética de la organización podría complicar los esfuerzos de cabildeo de las naciones latinoamericanas.
El caso Epstein continúa proyectando una sombra de sospecha sobre las figuras más poderosas del panorama global. A pesar de que el exministro noruego ha sostenido que sus interacciones fueron de carácter estrictamente profesional, las políticas de ética y transparencia de los organismos internacionales se han vuelto más rigurosas. Con esta dimisión, el WEF busca blindar su imagen de cara a su próxima cumbre anual, intentando evitar que los cuestionamientos morales y los vínculos con figuras criminales empañen las discusiones sobre la economía global.
Por ahora, el Foro Económico Mundial no ha designado a un sucesor permanente para Brende. Se espera que el proceso de transición sea rápido para intentar recuperar la confianza de los socios corporativos y los gobiernos que financian y participan en este influyente club de debate global. El escándalo deja una lección clara: en el mundo post-Epstein, la cercanía con el poder no exime de la rendición de cuentas.



