La reciente reconfiguración del tablero comercial impuesta por la Casa Blanca ha comenzado a generar sus primeros ecos en el Cono Sur, con implicaciones directas para la estabilidad económica de la región. Según un análisis técnico del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios (MDIC) de Brasil, el nuevo régimen arancelario de Estados Unidos, lejos de ser un obstáculo insalvable, ha abierto una ventana de oportunidad para la competitividad de diversos sectores industriales brasileños.
La Orden Ejecutiva firmada el pasado 20 de febrero por el presidente Donald Trump establece un arancel global del 10% para las mercancías que ingresen a dicho país. Esta medida sustituye esquemas anteriores donde ciertos productos enfrentaban gravámenes punitivos de hasta el 50%. Para Brasil, esto representa el fin de tasas discriminatorias que históricamente limitaban su acceso al mercado estadounidense, especialmente en sectores de alto valor agregado que ahora podrán competir bajo una cuota generalizada.
De acuerdo con las proyecciones basadas en las estadísticas comerciales de 2025, aproximadamente el 25% de las exportaciones de Brasil hacia la Unión Americana —unos 9 mil 300 millones de dólares— estarán ahora sujetas a este nuevo arancel global del 10%. Los segmentos más beneficiados por esta homogeneización incluyen la industria de maquinaria y equipo, calzado, muebles, madera y productos químicos. Anteriormente, estos rubros lidiaban con barreras de entrada significativamente más altas que mermaban su capacidad de mercado.
Sin embargo, el informe oficial subraya que el impacto es matizado. Un contundente 46% de las ventas brasileñas, equivalentes a 17 mil 500 millones de dólares, permanecerán libres de tarifas debido a las excepciones previstas en la medida. Por otro lado, un 29% restante (unos 10 mil 900 millones de dólares) seguirá bajo las restricciones de la Sección 232, lo que significa que las exportaciones de acero y aluminio no verán cambios en su situación actual.
Para México, socio comercial prioritario de Estados Unidos bajo el T-MEC, este movimiento en la política exterior de Trump es de vital importancia. Mientras que Brasil celebra la reducción de barreras extremas hacia una cuota del 10%, la industria mexicana debe observar con cautela cómo estos cambios podrían alterar las cadenas de suministro en Norteamérica, especialmente en sectores donde ambas naciones compiten por la preferencia del mercado estadounidense.
Finalmente, el análisis del MDIC destaca que en el ámbito agroindustrial, productos como el pescado, la miel, el tabaco y el café también entrarán en este nuevo esquema de competitividad. En un entorno de volatilidad económica, Brasil apuesta por aprovechar esta "igualdad de condiciones" para fortalecer su posición ante su tercer socio comercial más importante.


