El corredor turístico y comercial que une a Puerto Vallarta con la delegación de Ixtapa amaneció este lunes sumido en un silencio tenso, interrumpido únicamente por el persistente olor a quemado que emana de los restos de vehículos y establecimientos siniestrados. Tras la violenta jornada del domingo 22 de febrero de 2026, vinculada al operativo federal contra Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, la infraestructura de la zona luce severas cicatrices de lo que especialistas califican como una jornada de guerra urbana.

A las afueras de la mancha urbana, específicamente en las inmediaciones del campus de la Universidad de Guadalajara en Puerto Vallarta, el paisaje es desolador. Lo que solían ser puntos de gran afluencia para estudiantes y trabajadores hoy son estructuras carbonizadas. Una sucursal de AutoZone, ubicada frente a la vía principal, quedó reducida a un cascarón ennegrecido después de ser vandalizada, saqueada y finalmente incendiada por grupos de civiles armados. A pocos metros, una tienda de conveniencia Oxxo presenta cristales rotos y anaqueles vacíos, testimonio de la rapiña que desbordó a las autoridades locales durante los bloqueos.

De acuerdo con testimonios de vecinos y comerciantes de la zona, los ataques no fueron incidentes aislados, sino una respuesta coordinada para obstaculizar el paso de las fuerzas federales. El despliegue de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional, que participaban en el operativo contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), desató una ola de violencia que buscaba colapsar las arterias viales del puerto.

Este lunes, la actividad comercial en el tramo Vallarta–Ixtapa se encuentra prácticamente paralizada. Pese a la presencia de unidades oficiales, los dueños de negocios locales han optado por mantener las cortinas cerradas, temiendo que la inestabilidad y las represalias persistan en los próximos días. El sentimiento de vulnerabilidad es palpable entre los habitantes, quienes han tenido que modificar sus rutas y rutinas ante la destrucción de la infraestructura de transporte y servicios.

La muerte de una figura de alto perfil criminal como Oseguera Cervantes ha dejado una estela de incertidumbre en el estado de Jalisco. Mientras el gobierno federal realiza honores fúnebres a los militares caídos en cumplimiento de su deber durante este operativo, la ciudadanía de Puerto Vallarta enfrenta las consecuencias directas de vivir en el epicentro de la disputa: calles bloqueadas, negocios en ruinas y un miedo latente que no se disipa con la luz del día.