En México, el café es mucho más que una simple bebida; es un ritual que marca el inicio de la jornada para millones de ciudadanos. Ya sea un café de olla con su característico toque de canela y piloncillo, una taza de café soluble o un espresso de especialidad, el aroma del grano tostado es el despertador indiscutible en los hogares y oficinas de todo el país. Sin embargo, surge una pregunta recurrente entre los consumidores y especialistas en nutrición: ¿es realmente el primer momento de la mañana el más adecuado para ingerir cafeína?
Tradicionalmente, se tiene la arraigada creencia de que beber café inmediatamente después de salir de la cama ayuda a "despejar la mente" y proporciona el impulso necesario para comenzar las actividades diarias. No obstante, diversas investigaciones en el campo de la cronobiología señalan que esta práctica podría no ser la más eficiente para el organismo. La razón fundamental de este planteamiento reside en el cortisol, conocida popularmente como la "hormona del estrés", la cual desempeña un papel crucial en nuestro ciclo de alerta natural.
De acuerdo con la ciencia, al despertar, el cuerpo humano experimenta un pico natural de producción de cortisol. Este proceso es la forma biológica en que el organismo nos prepara para enfrentar los retos del día de manera autónoma. Si se consume cafeína justo en ese momento de máxima alerta natural, el efecto estimulante de la bebida compite con los mecanismos propios del cuerpo. A largo plazo, esta interferencia puede generar una mayor tolerancia a la sustancia, lo que significa que el consumidor necesitará dosis cada vez más altas para sentir el mismo efecto, además de disminuir la efectividad energética real de la bebida.
En este sentido, los especialistas sugieren que el intervalo óptimo para disfrutar de esa primera taza de café se sitúa entre las 9:30 y las 11:30 de la mañana. En este periodo, los niveles de cortisol en el torrente sanguíneo comienzan a descender de manera natural después de su pico matutino. Es precisamente en este valle hormonal cuando la cafeína puede actuar como un refuerzo efectivo y oportuno para mantener la productividad, la concentración y el ánimo durante el resto del turno matutino.
Para el consumidor mexicano, ajustar este hábito puede representar un reto cultural, dada la importancia social del "cafecito" temprano en el desayuno. Sin embargo, los beneficios de postergar ligeramente la primera ingesta incluyen una menor probabilidad de sufrir el temido "bajón" de energía por la tarde y una mejor gestión de los niveles de ansiedad. Al final del día, se trata de armonizar una tradición cultural profundamente mexicana con el funcionamiento biológico para obtener el máximo provecho de cada grano y cuidar la salud integral a largo plazo.


