La Familia Real británica enfrenta un nuevo capítulo en su prolongada crisis institucional, luego de que diversas víctimas del fallecido financiero Jeffrey Epstein solicitaran formalmente al FBI que reabra la investigación en torno al príncipe Andrés. Esta demanda surge tras informes recientes que sugieren una mayor presión legal sobre el duque de York en territorio británico, lo que ha avivado el reclamo de justicia por parte de quienes sufrieron abusos dentro de la red de tráfico de Epstein.

El príncipe Andrés, de 64 años, quien es el segundo hijo varón de la fallecida reina Isabel II y hermano del actual monarca, el rey Carlos III, ha estado bajo el escrutinio público durante años debido a su estrecha amistad con Epstein. Para el público mexicano, es importante destacar que Andrés fue despojado de sus títulos militares y patrocinios reales en 2022, tras las acusaciones de agresión sexual presentadas por Virginia Giuffre, un caso que finalmente se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial millonario fuera de las cortes.

En esta ocasión, las víctimas argumentan que la situación legal del príncipe en el Reino Unido ha cambiado lo suficiente como para justificar una intervención directa de las autoridades estadounidenses. Según los testimonios recolectados, existe una creciente urgencia para que el exmiembro senior de la realeza sea interrogado bajo juramento por el Buró Federal de Investigaciones (FBI), con el fin de esclarecer el alcance de su participación en las actividades delictivas de Epstein y su socia Ghislaine Maxwell.

El núcleo de la controversia reside en la aparente falta de cooperación que, según las autoridades de Estados Unidos, el príncipe ha mostrado en el pasado. A pesar de haber declarado públicamente su disposición a ayudar en las investigaciones, los fiscales de Nueva York han señalado en múltiples ocasiones que el duque no ha cumplido con dichas promesas. Esta nueva petición de las víctimas busca romper el estancamiento diplomático y legal que ha protegido a Andrés de una comparecencia formal ante la justicia norteamericana.

Este desarrollo representa una pesadilla logística y de imagen para el Palacio de Buckingham, en un momento en que la monarquía intenta consolidar la transición bajo el reinado de Carlos III. De concretarse un interrogatorio o una reapertura de la investigación, las implicaciones podrían tensar las relaciones diplomáticas entre Londres y Washington, además de sepultar definitivamente cualquier intento del príncipe Andrés por rehabilitar su imagen pública ante la sociedad global.